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Una familia de Maschwitz recuperó y restauró el histórico Fiat 128 de Maradona

En 1982, el futbolista adquirió su primer 0Km, noticia muy difundida en esa época. Dos años después lo vendió, aunque el rodado sigue a su nombre. Un coleccionista de Maschwitz encontró el auto en Salto y lo refaccionó a nuevo.


 

 

Todo lo que rodea a Diego Armando Maradona es noticia. Y Martín Varrone encontró en un Fiat 128 arruinado un vínculo con sus dos pasiones: los fierros y el fanatismo por Boca. Y por Diego, claro.

Es que el coleccionista, vecino de Ingeniero Maschwitz, dio con el primer 0Km de Maradona en Salto, Provincia de Buenos Aires, lo compró y lo restauró a cero. Pero antes de sacarle las gallinas y la suciedad que tenía encima, tuvo que cerciorarse que lo que decía el vendedor era cierto: buscó los datos en el Registro de la Propiedad y no solo confirmó que se trataba del Fiat que compró el futbolista del Barcelona, en aquel entonces, en la Navidad del ’82, sino que aún seguía a su nombre.

“Fui al registro del automotor y pedí los datos por el número de patente. Y el legajo estaba ahí. El auto estaba a nombre de Diego desde que lo compró 0 kilómetro. Los trámites los había hecho Jorge Cyterszpiler, que en ese momento era su representante. Y ni lo dudé: me volví a Salto, lo compré y me lo traje”, expresó Varrone, padre de Nicolás, joven que actualmente corre en la Fórmula 3 de Inglaterra y también heredó la pasión por los autos y el Xeneize.

“Lo restauré todo original; lo hicimos a nuevo. Una vez fui a la casa de Diego en Villa Devoto y me dejaron sacar fotos en la puerta. También en la Bombonera. Lo tengo impecable en la cochera de la casa de mi papá, en Núñez. Creo que desde que lo restauramos le hicimos 200 kilómetros; ni ablandado tiene el motor”, añadió.

El objetivo de la familia Varrone es que Pelusa pueda reencontrarse con su primer amor. Ya hubo contactos para, una vez que disminuya el impacto de la pandemia de coronavirus, puedan acercarle el auto a Diego hasta su casa en Bella Vista. “Diego sabe que Nico corre y aceptó ponerle la firma en el capot”, asegura Martín.

 

 

Este artículo fue publicado en la edición de agosto de 1623, la Revista de Maschwitz.
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